sábado, 4 de septiembre de 2010

La Ausencia.


El contraste de mi piel blanca de bebé en tu pecho oscuro.
Tu viaje a Corrientes para promocionar “Juan Moreira”.
Las fotos que trajiste del rodaje y el disco de la peli que me hacía asustar.
El combinado de madera oscura, donde escuchábamos el disco de “Titanes en el ring”.
El Geloso donde habías grabado mis primeras palabras.
Aquel hermoso verano del ’74 en Cosquín.
Ver por televisión la cureña donde iba el cuerpo del General.
La sal negra del mar de Carhué, que fuimos con mamá y los lolos en un Citroen 3CV.
Ese mismo año empezamos juntos a hacer judo. Las revistas que comprabas de Bruce Lee.
Las corridas en ese Independiente-Boca del ’76 y vos como loco protegiéndome.
El Ital Park y la alfombra mágica de la Ciudad deportiva de La Boca.
Los rajes de urgencia a Casa Cuna por mi asma, en bondi, y si había un mango, en Remisse.
El verano del ’77 viendo en el patio de casa “La pantera rosa” con los lolos. Qué calor hacía, ¿te acordás?
Esperarte todas las noches que vinieras del laburo para mangarte caramelos, jaja.
Los sábados a la mañana, acompañarte a los campeonatos de fútbol del Sindicato de Gráficos, a verte jugar.
Uhhh, ¿y el pelotazo que me pegó en la jeta un compañero tuyo?.. Las puteadas de mamá cuando llegamos a casa!!
Me llevaste un día a jugar al rugby al CAR. Después que se me tiraron todos encima, nunca mas.
Patear a la pelota en el jardín de casa, con la Pintier que te ganaste en el laburo.
Las fotos de mi comunión, con ese lenguetazo de vaca que tenía en el pelo y ese moño tan grande…
El grupo de scouts, vos como dirigiente y yo como lobato. ¿Te acordás cuál era tu nombre? Te llamabas Akela; eras, como en “El libro de la selva”, el jefe de la manada.
Los campamentos en Echeverría y mamá que no le gustaba un carajo dormir en carpa, ja.
Aquel mítico campamento en Gral.Belgrano, con Víctor y su viejo, que tanto recordamos todo el tiempo.
Y el radiograbador Crown? Grabábamos en los casettes TDK música de la FM, que recién salía al aire. Si todavía lo tenés al gastado Crown ahí, colgado al lado de la parrilla, donde escuchabas el fútbol o las carreras de los domingos.
El primer día del colegio secundario, en el Longo de Avellaneda. Me dijiste que tenía que ir con corbata, porque los milicos así lo exigían. Y me acompañaste hasta la puerta.
Primavera del ’84, te vi bajar del bondi, vos venías del laburo y yo iba al cole. Al mediodía me entero que estás internado.
5 bypass.
Te jubilaron, recién tenías 39 años.
El hijo de puta de Fontevecchia te echó, ¿te acordás la bronca que tenías?
Mamá tuvo que salir a laburar.
Yo canalicé la angustia con la rebeldía adolescente. Te volví loco. Me amonestaban en el colegio. Repetí 4to año.
A los 18 zafé de la colimba. Pies planos. Vos no entendías por qué yo estaba tan contento, si para vos la colimba fue la universidad de la vida.
Empecé a ayudar en el bar donde laburabas con el gallego José, un gomía ; después en una imprenta y luego en una mesa de dinero.
Ahí entré a laburar a tribunales.
Había agarrado la guitarrita y meta armar bandas y tocar en vivo.
Después me fui de casa. A los dos años volví, a la casita de mis viejos. Pero luego de un par de meses, me volví a ir definitivamente.
Fueron pasando los años. Trataba de ir los domingos a almorzar con ustedes. Ezequiel también ya se había ido de casa.
Vos venías a los ponchazos con los laburos: el bar que pusiste (que te estafaron, porque vos, pa, eras un buen tipo), la plata que tuvimos que poner para tapar el buraco, los remises que manejabas y no rendían.
De repente, notificación de la Anses. Tenés una guita para cobrar, viejo! Y te compraste el auto para laburar en una buena agencia.
Entraste a laburar a la CNRT. Y siempre reconocías (a tu pesar, ja) que los únicos que te daban una mano para laburar eran los perucas. Hiciste grandes amigos ahí.
2003 o 2004, no me acuerdo, fallece Lala, tu vieja. Es la primera vez que te veo llorar desconsolado.
Vic y yo vivíamos juntos. Empezaba, lentamente, a madurar. Pero, inconscientemente, no aceptabas que yo ya era adulto. Y yo no aceptaba que no era mas un niño.
Por eso empecé a laburar en el diván mi relación con tu figura, con tu sobrepresencia.
En el 2006 decidimos casarnos con Vic. Qué alegría tenías. No podías con tu genio, el único de traje eras vos!.
Las rabietas que me agarraba con vos. Eras terco, cabezón y no querías abrir la cabeza.
Nos mudamos a La Plata. Te encantaba venir a casa, a cortar el pasto, meter mano en mi parrilla (que bronca que me daba eh), estar al aire libre, como te gustó toda tu vida.
Las dos veces que te afanaron, viejo, pensando que eras un tipo de guita porque tenías un buen auto; te cagaron a palos, te rompieron el coche, y vos que eras sólo un honesto laburante…
En la cocina de Avellaneda, cuando dimos la noticia que iban a ser abuelos… Toda la felicidad del mundo en ustedes!.
En febrero, fuimos a hablar con el cirujano y nos dio la noticia de la enfermedad de la vieja. Cómo lloramos, ¿te acordás? Esa fue la segunda vez que te vi llorar.
Y al toque se muere Lolo, que para vos era como tu viejo.
Y al toque te internan a vos.
Y nació Violeta. Lo mejor que te pasó en la vida, después de nosotros y la vieja.
Pero ya no estabas bien. Me decían los tordos que tenías la carrocería averiada. Pero vos no comentabas nada. Cositas sueltas…para qué, si yo estoy bien, decías.
Por eso seguiste con tu terapia, la pintura. Hace 2 semanas me pediste la mejor foto de Evita. Querías pintar su rostro y regalarme el cuadro. ¿No viste que te dejé esa foto hermosa de Eva en tu compu?
Hiciste lo posible para protegernos a Eze, a la vieja y a mí.
Pero no pudiste verla sufrir a mamá. La amabas tanto que no soportaste ver su lucha diaria y desgastante. Compañeros de toda la vida, te sobrepusiste a todo, pero lo de la vieja fue mas fuerte.
Y así, de repente…pero si habíamos hablado hace dos días por teléfono, carajo!.
Así, de repente te fuiste. A punto de salir para el laburo, si hasta estabas con el traje puesto...

Recién ahora veo la montañita de hojas secas al lado de la parrilla, acá en casa. Como buen obsesivo del orden, la hiciste la semana pasada, cuando vinieron a ayudarme a cuidar a Violeta. Ya no querías trabajar en el jardín. Ese día dormiste la siesta, algo que muy pocas veces hiciste.

Pero no entendí las pequeñas señales que ibas dando.

Dale che, si vos sos mi viejo!; si te levantaste de cada una…

Mirá, te cuento lo que ahora quiero: que me lleves a jugar a la pelota, que me peines para ir al colegio, que me traigas el álbum de figuritas, que me hagas las nebulizaciones, que me tapes con la frazada antes de dormir…

Pero ahora sólo lloro.

7 comentarios:

Jorge Devincenzi dijo...

MB!!!

Maricé dijo...

Acompaño y comprendo tu dolor. Hace casi veinte años que mi papá no está y lo sigo extrañando.
Un abrazo

manuel el coronel dijo...

Cumpa, abrazo enorme, yo también le escribo a mis viejos desde el blog.

walter besuzzo dijo...

Pedazo de pelotudo estoy llorando mucho forro

MOO dijo...

Diego, no pude estar el otro día y me digue jodiendo no haber estado ahi, no importa que me digan que estaba de todas maneras, me jodio no acompañarte. Mira, cuando perdi a mi viejo, me llevo un año poder escribir algo parecido a lo que vos hiciste hoy. Este relato, tan parecido al que hemos sentido todos aquellos que perdimos al viejo, es hermoso y angustiante a la vez, como dice Walter, yo tambien he llorado al leerlo, por recordar a mi propio viejo. Mira, yo creo en algo: los viejos nuestros -que no se conocieron en vida-, cuando se van, a partir de nuestra amistad, los que ya estan allá, como el caso de mi viejo, lo reciben y hacen el aguante allá donde sea que se junten, se entiende? En el fondo, parece que allá se arma como una especie de gran familión. Te quiero mucho guacho y ahora más que nunca bancala a mami en esta. Un beso

VICTOR dijo...

Diego estoy llorando como un chico despues de leer esto. Como se mataban de risa nuestros viejos en Belgrano cuando nos cag... de frio bañandonos con agua fria. Que felices que fuimos con tan poco.
Un abrazo hermano.

Daniela Godoy dijo...

Tus palabras me conmovieron, perdí a mi Viejo hace casi un año... Gracias por compartir tu sentir. Un beso