










Con debido respeto le digo, compañero radical, permítanme hacer un pequeño análisis luego de la excelente nota publicada en la última edición del semanario Miradas al Sur donde le hacen un reportaje a Silvia Vazquez y a Martín Hourest sobre Alfonsín, el partido radical y sus banderas históricas.
Me tomo el atrevimiento de escribir sobre los compañeros de la verede de enfrente debido a que provengo de una familia radical y antiperonista, pero que levantaban algunas banderas que tenían que ver con la defensa de la cuestión nacional y popular (eran muy pocas, es cierto, pero las levantaban); me han llevado a los 12 años al acto de Alfonsín en Ferro (che, era un niño todavía, que quieren que haga?) y recuerdo que se discutía en la mesa sobre la necesidad de enjuciar a los milicos, la recuperación económica y ...bue, hasta ahí llegó lo nac&pop.
Lo cierto es que hoy mis viejos son kirchneristas a morir, entienden mi peronismo y lo hablamos sin ningun tipo de objeción en cada asado que nos juntamos (a veces me miran como diciendo: la verdad es que a mí también me gustaría eh).
Me pregunto, como lo hace el cronista en su nota, si estas banderas que supuestamente levantó Alfonsín, heredadas de Alem e Yrigoyen, no fueron sino un simulacro de brisa en un histórico partido de centro derecha, reaccionario y defensor de los intereses apátridas y foráneos.
Para graficar, se adjunta una encuesta al costado de esta nota para saber la opinion de los lectores para proceder, el próximo viernes, a la pregunta de fondo:
Alfonsín ¿una excepción dentro del radicalismo?
